El potencial de las ostras para formar conchas de carbonato cálcico y alterar los ciclos biogeoquímicos ha despertado interés en incluir su cultivo dentro de estrategias de carbono azul. Sin embargo, los autores de una revisión reciente señalan que la explotación de ostras no puede considerarse de forma automática un sumidero de carbono.
El proceso de calcificación inmoviliza carbono, pero simultáneamente puede liberar CO₂. A este proceso se suman la respiración de los animales, la filtración de partículas, la producción y degradación de materia orgánica y los intercambios de carbono entre el agua, el sedimento y la atmósfera.
Los investigadores agrupan estos procesos en cuatro mecanismos interrelacionados -bomba de carbonato, biológica, microbiana y de solubilidad- y explican que el balance neto depende de variables como la hidrodinámica, la productividad primaria, la temperatura, las características del sedimento, la densidad de organismos y las prácticas de manejo. Por ello, dos granjas de ostras con condiciones similares pueden presentar balances de carbono diferentes.
Esta variabilidad tiene repercusión en el sector, ya que la cuantificación de los servicios ecosistémicos y la posible financiación azul requieren un cálculo preciso del balance total, no solo de la cantidad de concha producida. La revisión propone desarrollar protocolos escalonados de monitorización, reporte y verificación (MRV) que ajusten el nivel de medición al objetivo, desde evaluaciones básicas de sostenibilidad hasta proyectos que busquen demostrar adicionalidad climática.
Información elaborada a partir de Revisión científica pide medir el balance real de carbono antes de considerar las ostras un sumidero azul, publicado originalmente por misPeces.




