La investigación y los proyectos industriales están enfocando los hidrolizados de proteínas como una forma de aprovechar subproductos de la pesca, la acuicultura y otras industrias alimentarias, obteniendo péptidos y aminoácidos que aumentan la palatabilidad y el aprovechamiento nutricional de los piensos.
Sin embargo, la composición, funcionalidad y precio de estos productos varían según la materia prima, el grado de hidrólisis, la solubilidad y el proceso de secado, lo que impide considerarlos un ingrediente homogéneo.
Estudios con salmón Atlántico, lubina y dorada demuestran que algunos hidrolizados pueden incorporarse a dietas con menor harina de pescado sin afectar el crecimiento, e incluso mejorar la ingestión, la digestibilidad y ciertos indicadores de salud.
El factor decisivo para los productores es si la mejora obtenida compensa el coste. Un ensayo con juveniles de salmón mostró que un 10% de hidrolizado parcialmente soluble alcanzó un crecimiento similar al de una dieta con 35% de harina de pescado, con un coste comparable, mientras que un hidrolizado más soluble elevó notablemente el precio sin aportar mejoras productivas equivalentes.
La producción industrial de hidrolizados implica procesos energéticos y de escala que influyen en su precio, por lo que su uso más frecuente se prevé en inclusiones reducidas (1-5%) para recuperar palatabilidad o aportar péptidos funcionales, más que como sustituto masivo de la harina de pescado.
Empresas europeas están invirtiendo en plantas para producir hidrolizados a escala, buscando valorizar materias primas locales y reducir la dependencia de proteínas importadas, aunque el reto sigue siendo demostrar su viabilidad comercial.
Información elaborada a partir de ¿Pueden los hidrolizados mejorar los piensos sin encarecer el pescado producido? , publicado originalmente por All Aquaculture.



