Investigadores de Futuna Blue España analizaron la actividad digestiva de larvas de pez limón (Seriola dumerili) y de sus bacterias intestinales en cinco momentos entre los 10 y los 60 días post-ecolución, cubriendo las transiciones alimentarias desde rotíferos y Artemia hasta la coalimentación con microdietas y el destete con pienso formulado.
Los resultados revelan que la actividad bacteriana varía según la fase y el tipo de enzima. En la fase de coalimentación (32 días), la actividad bacteriana de quimotripsina fue 2,19 veces superior a la intestinal y la de quitinasa 4,58 veces mayor. La amilasa bacteriana sólo se detectó tras el destete (60 días), alcanzando el 35,2 % de la actividad intestinal.
Los autores advierten que estos porcentajes provienen de mediciones separadas en laboratorio y no indican que las bacterias digieran más alimento que las larvas ni que mejoren la digestión in vivo, ni que influyan en el crecimiento o la supervivencia.
Paralelamente, la composición de la microbiota cambió a lo largo del desarrollo; después de la coalimentación, los Firmicutes representaron el 56 % de la comunidad bacteriana tras el destete.
Los investigadores plantean que la microbiota podría complementar la capacidad digestiva de las larvas, una hipótesis que requerirá nuevos ensayos para confirmarse.
Información elaborada a partir de La microbiota intestinal amplía su potencial digestivo durante el desarrollo larvario del pez limón, publicado originalmente por misPeces.



