En instalaciones de cultivo intensivo, la acumulación de materia orgánica en los sedimentos supera la capacidad de asimilación del sistema, reduciendo el potencial redox y liberando compuestos reducidos como amonio y sulfuro de hidrógeno (H2S) a la columna de agua. Este gas, reconocible por su olor a huevo podrido, es altamente tóxico para los camarones, manifestándose en branquias de color café o negro y aumentando la mortalidad.
El proceso se inicia cuando la materia orgánica se descompone bajo condiciones anaeróbicas. Bacterias sulforreductoras utilizan el sulfato del agua como aceptor de electrones, reduciéndolo a sulfuro mientras la materia orgánica se oxida a CO₂. El pH bajo del fondo de la piscina y la escasez de oxígeno favorecen esta actividad, creando lo que los autores describen como una «tormenta perfecta» para el estrés del camarón.
A medida que avanza el ciclo de cultivo, la concentración de sulfuros en los sedimentos tiende a incrementarse, alterando también el ciclo del nitrógeno. Los niveles elevados de H2S inhiben la oxidación de nitrito a nitrato, favoreciendo la acumulación de nitritos, lo que puede agravar los problemas de salud del cultivo.
Para mitigar este riesgo, el artículo recomienda monitorizar continuamente los niveles de sulfuro de hidrógeno y del potencial redox, así como adoptar prácticas que reduzcan la carga orgánica en los sedimentos, como la optimización de la alimentación y la gestión adecuada de los desechos.
Información elaborada a partir de Sulfuro de hidrógeno como factor de estrés y mortalidad en el cultivo de camarón, publicado originalmente por Revista Aquacultura.



