Investigadores evaluaron salmones del Atlántico en cuatro centros de cultivo de las Islas Feroe y observaron que los ejemplares con mayor velocidad de crecimiento mostraron una mayor severidad de lesiones en la microarteria coronaria que irriga el miocardio.
Los animales, que en apariencia cumplían con los parámetros habituales de biometría y consumo de pienso, presentaron una mortalidad inesperada al final de la jornada, sin lesiones externas visibles. El estudio, publicado en la revista Aquaculture, atribuye esta mortalidad a un deterioro coronario que reduce la capacidad del corazón para responder a exigencias operativas como densidades elevadas, clasificación, transporte y tratamientos contra el piojo de mar.
En el salmón, la arteria coronaria se estrecha por hiperplasia de células musculares lisas, un proceso análogo a la arteriosclerosis coronaria humana pero sin formación de placas de colesterol. Cuando la luz vascular se reduce, el tejido muscular sufre hipoxia durante los momentos de mayor demanda de oxígeno, lo que puede desencadenar fallos cardíacos.
Los autores citan casos anteriores, como una mortalidad del 10% tras un transporte rutinario en 2007, en los que se detectó patología coronaria severa. Estudios similares en trucha arcoíris también relacionan la vasculopatía avanzada con menor tolerancia al estrés por hacinamiento.
El trabajo destaca que, aunque la relación entre crecimiento acelerado y daño vascular se sospechaba desde hace décadas, este es el primer estudio que cuantifica directamente la tasa de crecimiento y su impacto cardiovascular, ofreciendo datos relevantes para la industria que busca reducir los ciclos de producción sin comprometer la salud animal.
Información elaborada a partir de Crecimiento acelerado en el salmón, a costa de la salud del corazón , publicado originalmente por All Aquaculture.



