La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha publicado un estudio que explora la posibilidad de que algunos sistemas acuícolas se integren como otras medidas eficaces de conservación basadas en áreas (OECM). Estas áreas, aunque no son espacios protegidos, están gestionadas para producir resultados positivos y duraderos para la biodiversidad.
El documento presenta siete casos en los que se observan indicios de beneficios directos para la biodiversidad, entre ellos el cultivo de ostras y almejas en el fondo, la producción de mejillones y ostras en estructuras suspendidas, la cosecha de algas en zonas tropicales y templadas, sistemas integrados de camarón y manglar, y el cultivo conjunto de arroz y peces.
Según la FAO, las instalaciones acuícolas pueden aportar estructura y refugio a otras especies y, en algunos casos, limitar el acceso de artes de pesca destructivas. No obstante, advierte riesgos como la pérdida de hábitats, el uso de productos químicos, la propagación de enfermedades y los escapes de especies no autóctonas.
El informe aclara que no se propone reconocer automáticamente a las granjas acuícolas como áreas de conservación; la evaluación debe realizarse caso por caso, acreditando beneficios a largo plazo, seguimiento de la biodiversidad, gestión eficaz y equitativa y salvaguardas ambientales.
Entre los sistemas con mayor potencial, la FAO destaca cultivos de especies no alimentarias, especies autóctonas y modelos integrados como el arroz-peces, siempre bajo la condición de que los resultados sean verificables y adaptados a las condiciones locales.
Información elaborada a partir de La FAO explora cómo algunos sistemas acuícolas pueden contribuir al objetivo 30×30, publicado originalmente por misPeces.



