La inflación, el aumento de los precios del combustible y del flete, los aranceles y el descenso de la demanda de los clientes han tensionado a los criaderos de todo el mundo. A ello se suman fenómenos meteorológicos extremos, heladas y brotes de enfermedad, que hacen que muchas instalaciones se sientan sobrepasadas.
En medio de estas presiones, los directivos suelen concentrarse en la rentabilidad y la eficiencia operativa, pero el factor decisivo para sobrevivir es el personal. Una comunicación regular y honesta ayuda a reducir la incertidumbre, genera confianza y mantiene a los equipos alineados con los objetivos.
El liderazgo visible es clave: los responsables deben pasar más tiempo en la planta, ayudando a mover peces, limpiar tanques o cargar envíos, de modo que el personal perciba su implicación directa en el trabajo diario.
Una cultura sólida se protege reconociendo los pequeños logros -un desove exitoso, una alta supervivencia o la entrega segura de un lote- que refuerzan la motivación y el sentido de propósito.
El clima emocional del equipo depende del tono que establezca la dirección. Optimismo, calma y respeto contagian al personal, mientras que la negatividad y la falta de responsabilidad erosionan la confianza y la cohesión.
Para afrontar futuras recesiones, se recomienda crear reservas financieras en períodos de bonanza, formar a los empleados en múltiples funciones y diseñar estructuras salariales que recompensen los años de buen desempeño sin perder flexibilidad cuando el negocio se contraiga.
Información elaborada a partir de Hatchery Hack: Leading through lean times, publicado originalmente por Hatchery International.



