El sector camaronero de Ecuador se ha convertido en el principal exportador mundial de camarón, superando incluso al petróleo crudo y sus derivados en valor de exportación en 2025, según datos del Banco Central del Ecuador. En los primeros siete meses de 2026, las ventas alcanzaron 5.765,7 millones de dólares, representando el 32,8 % de las exportaciones no petroleras del país.
Este liderazgo se produce en un contexto de competencia internacional con India, Vietnam e Indonesia, y bajo la presión de medidas antidumping de EE. UU., restricciones sanitarias de China por residuos de metabisulfito y virus WSSV, y la falta de criterios microbiológicos armonizados en la Unión Europea.
Para mantener su posición, la industria ha invertido en selección genética, manejo de cultivos, nutrición, infraestructura y procesamiento, y ha diversificado sus destinos comerciales. Sin embargo, el aumento del volumen ya no basta: es necesario medir el coste por kilogramo, la supervivencia, la eficiencia del pienso, el consumo energético y la estabilidad entre ciclos, así como el desempeño ambiental y las condiciones laborales.
El reto también implica mejorar el procesamiento, desarrollar presentaciones que respondan a la demanda y construir relaciones comerciales que reconozcan atributos verificables del producto, adaptándose a la variabilidad de los mercados y a los requisitos de los compradores.
Además, la cadena productiva debe gestionar riesgos sanitarios y no sanitarios, como la calidad y disponibilidad del agua, residuos, inocuidad, trazabilidad, energía, eventos climáticos y logística, para garantizar la sostenibilidad del crecimiento.
Información elaborada a partir de Ser el número uno cambia las reglas: el nuevo desafío del camarón ecuatoriano, publicado originalmente por Revista Aquacultura.



