El cultivo intensivo de tilapia (Oreochromis niloticus) aumenta la productividad, pero también la vulnerabilidad a enfermedades como la estreptococosis o la aeromoniasis, lo que ha llevado a buscar alternativas al uso repetido de antibióticos.
Una opción es aprovechar el suero de leche, subproducto de la elaboración del queso, que contiene lactosa, proteínas solubles y minerales. Al fermentar este suero con bacterias ácido-lácticas, la lactosa se transforma en ácido láctico, bacteriocinas y peróxido de hidrógeno, reduciendo el pH y creando un entorno desfavorable para patógenos.
Las cepas de Lactobacillus, Lactococcus y Pediococcus estudiadas como probióticos pueden competir por nutrientes y sitios de adhesión, estimular la inmunidad innata y mejorar la actividad antioxidante y de lisozima en la tilapia, aunque sus efectos dependen de la cepa, la dosis y las condiciones de cultivo.
El proceso recomendado consiste en inocular suero de leche de vaca con un cultivo comercial a 30-35 °C durante 18-24 h, hasta alcanzar un pH de 4,0-4,2. Un ejemplo de aplicación es la mezcla de 200 L de suero con 1 kg de azúcar, fermentada 24 h, y la posterior incorporación de 200 ml del fermento por kilogramo de alimento, humedeciendo uniformemente los pellets.
Si bien la acidificación del alimento puede disminuir la viabilidad de algunos patógenos, no sustituye medidas básicas como la vacunación, la cuarentena, la bioseguridad o una adecuada oxigenación. El suero fermentado se presenta como un complemento que podría reducir la presión de infección, pero su eficacia aún requiere validación experimental bajo condiciones controladas.
Información elaborada a partir de Suero de leche fermentado: una potente herramienta de prevención, publicado originalmente por Panorama Acuícola.




