Una encuesta internacional realizada por la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) y STAR IDAZ IRC a 42 especialistas del sector ha colocado la bioseguridad como la prioridad número uno para reducir el impacto sanitario en la acuicultura de crustáceos.
El estudio subraya que siete de las diez enfermedades consideradas prioritarias son de origen vírico, encabezadas por el síndrome de la mancha blanca (WSSV), seguidas de AHPND, la infección por Enterocytozoon hepatopenaei (EHP) y la vibriosis, patologías para las que aún existen opciones terapéuticas limitadas.
En el horizonte inmediato, las buenas prácticas acuícolas y la bioseguridad superan a la microbiota, los probióticos, las vacunas y la nutrición funcional como medidas de profilaxis.
Entre las acciones más valoradas aparecen la cuarentena, la gestión del fondo de los estanques, el control de la calidad del agua y el uso de líneas libres, tolerantes o resistentes a patógenos específicos (SPF, SPT, SPR).
Los expertos también destacan la necesidad de protocolos estandarizados, zonificación, compartimentación y la mejora de los sistemas de cuarentena y control del agua como estrategias clave.
Además, varios especialistas coinciden en que la implantación de medidas de bioseguridad resulta más eficaz y menos costosa que los tratamientos terapéuticos, vinculando numerosos brotes a problemas de calidad del agua, manejo y nutrición, lo que amplía el concepto de prevención más allá de la mera detección de patógenos.
Información elaborada a partir de La bioseguridad se consolida como la inversión sanitaria más rentable en la acuicultura de crustáceos, publicado originalmente por misPeces.




