La Universidad de Portsmouth ha publicado una investigación que sitúa el coste anual del fraude alimentario en el Reino Unido entre 400 y 2000 millones de libras esterlinas, convirtiéndolo en uno de los delitos económicos más onerosos del país.
El análisis abarca prácticas como la sustitución de alimentos, el etiquetado falso y el fraude documental, y se diferencia de estudios anteriores al valorar operaciones delictivas completas, incluyendo la pérdida de ventas cuando los productos fraudulentos desplazan a los auténticos. Según los autores, aproximadamente tres cuartas partes del impacto económico total se deben a la sustitución directa de productos legítimos.
El doctor David Shepherd, de la Escuela de Criminología y Justicia Penal, señala que el fraude alimentario no solo implica que los consumidores paguen por un producto distinto al anunciado, sino que también perjudica a las empresas honestas, distorsiona los mercados y, en casos graves, supone riesgos para la salud pública.
A pesar de la magnitud del daño económico, los investigadores destacan que el fraude alimentario sigue siendo relativamente poco frecuente gracias a los rigurosos controles y a la colaboración entre reguladores, fabricantes, minoristas y organismos de certificación, que han creado múltiples capas de garantía de calidad.
La profesora Lisa Jack, de la Escuela de Contabilidad, Economía y Finanzas, advierte que, aunque el sector ha desarrollado sistemas eficaces para limitar el fraude, es necesario mantener la inversión en prevención y control para preservar la confianza del público y proteger a las empresas cumplidoras. Fuente: IPacuicultura.
Información elaborada a partir de El fraude alimentario le cuesta al Reino Unido hasta 2000 millones de libras esterlinas al año, según un estudio de la Universidad de Portsmouth, publicado originalmente por IPacuicultura.



