Investigadores de Noruega y España han demostrado que las branquias del salmón atlántico (≈100 g) modifican rápidamente su microbiota y la actividad de cientos de genes cuando se enfrentan a condiciones climáticas extremas, como olas de calor, bajas concentraciones de oxígeno y proliferaciones de medusas.
En el experimento, la temperatura del agua se elevó de 12 a 17 °C en cinco días y se mantuvo durante diez, mientras algunos grupos también sufrieron hipoxia o fueron expuestos a trozos de medusa luna (Aurelia aurita). Los resultados revelan que el calor incrementó la diversidad bacteriana en las branquias y favoreció el crecimiento de géneros como Streptococcus y Staphylococcus, algunos de los cuales pueden volverse patógenos bajo estrés.
A nivel molecular, más de 600 genes cambiaron su expresión. El aumento de temperatura activó genes relacionados con la producción de moco y redujo la actividad de componentes clave del sistema inmunitario innato, así como de genes implicados en la síntesis de colágeno, mientras que genes de queratina se mostraron más activos, indicando una reorientación fisiológica hacia la protección celular.
La exposición a medusas, por sí sola, tuvo escaso efecto genético, pero cuando se combinó con el calor y la hipoxia se observaron cambios adicionales, lo que sugiere que la acumulación de factores estresantes compromete la barrera protectora de las branquias.
Los autores, entre ellos el científico de salud animal Carlo C. Lazado y la investigadora senior Elisabeth Ytteborg de Nofima, consideran que estos hallazgos aportan una base para anticipar problemas de salud en la acuicultura de salmón frente a condiciones climáticas cada vez más impredecibles.
Información elaborada a partir de SALMON GILLS RESPOND TO CLIMATE STRESS BEFORE DAMAGE BECOMES VISIBLE, publicado originalmente por Fish Focus.




