Un equipo de investigadores del Leibniz Institute of Freshwater Ecology and Inland Fisheries (IGB) y del Alfred Wegener Institute (AWI) ha publicado un manual práctico para evaluar el estado de salud del camarón blanco (Litopenaeus vannamei) en granjas intensivas. El método consiste en un índice morfológico estandarizado de cuatro niveles (0-3) que examina diez regiones anatómicas críticas en menos de veinte segundos por individuo.
El protocolo divide el cuerpo del camarón en cinco sistemas principales y contempla parámetros externos e internos, como la integridad de las antenas, la claridad ocular, la condición del rostro y telson, y la presencia de manchas melánicas o incrustaciones en el exoesqueleto. Estas lesiones, que pueden originarse por agresiones intraespecíficas, fricción contra mallas, difusores de aire o manipulaciones bruscas, se asocian a una reducción de la tasa de crecimiento, un empeoramiento del índice de conversión alimenticia y una mayor vulnerabilidad a patógenos.
Según los datos recopilados en instalaciones comerciales, más del 95 % de los camarones presentaban algún grado de fractura antenal y más de la mitad mostraban daños severos, como antenas reducidas a muñones. Asimismo, se observó opacidad en los ojos y manchas melánicas en el telson, indicadores de estrés mecánico o deficiencias nutricionales.
El manual propone que, además del control físico-químico del agua y la monitorización de mortalidades al final del ciclo, los productores incorporen esta evaluación macroscópica como herramienta preventiva. Detectar el estrés crónico en la fase intermedia, cuando los animales destinan energía a tolerar condiciones adversas, permite intervenir a tiempo y evitar pérdidas económicas.
Información elaborada a partir de Cómo evaluar la salud y el bienestar de tus camarones: guía práctica para detectar el estrés antes de que afecte la producción, publicado originalmente por AquaHoy.




