Una investigación publicada en la revista Aquaculture ha identificado la microarteria coronaria del salmón como un factor omitido en los controles rutinarios y la ha vinculado directamente con la velocidad de crecimiento. Los ejemplares que alcanzan un rápido aumento de peso, tanto en la granja como en el mar, presentan un mayor deterioro coronario, lo que reduce su resistencia al estrés operativo.
En condiciones de cultivo intensivo, el corazón del salmón se ve sometido a exigencias como altas densidades, clasificación, transporte y tratamientos contra el piojo de mar, que elevan la frecuencia cardíaca y el consumo de oxígeno. Cuando la arteria coronaria se estrecha, el tejido muscular sufre hipoxia durante los momentos de mayor demanda, provocando mortalidades que a menudo se registran como «asociadas al manejo».
La patología observada corresponde a una arteriosclerosis coronaria caracterizada por hiperplasia de células musculares lisas en la túnica íntima, sin la presencia de placas de colesterol típica del ser humano. Casos documentados, como uno de 2007 con más del 10 % de mortalidad tras un transporte rutinario, confirman la relación entre la vasculopatía y la vulnerabilidad al estrés.
Estudios previos en salmón del Atlántico (1992) y trucha (2020) habían sugerido una correlación entre crecimiento acelerado y anomalías vasculares, pero carecían de mediciones directas de la tasa de crecimiento. El nuevo trabajo supera esa limitación y plantea la necesidad de evidencias empíricas para evaluar el coste cardiovascular de la intensificación productiva.
Información elaborada a partir de Crecimiento acelerado en el salmón, a costa de la salud del corazón, publicado originalmente por AquaHoy.




