La expansión de la acuicultura hacia zonas marinas más expuestas permite aprovechar aguas más frías, con mayor renovación y menor densidad de instalaciones, lo que puede mitigar el calentamiento costero, episodios de algas y medusas, y la transmisión de patógenos entre jaulas.
No obstante, la revisión publicada en Ocean Engineering advierte que el desplazamiento offshore no elimina los riesgos, sino que los transforma: el oleaje, las corrientes y los fenómenos extremos incrementan las cargas sobre estructuras, redes y sistemas de fondeo, mientras que el biofouling convierte a las redes en uno de los componentes más vulnerables.
El crecimiento de organismos incrustantes eleva la resistencia al flujo de agua, reduce la renovación dentro de la jaula y aumenta el riesgo de daños, escapes y problemas de oxígeno. Asimismo, corrientes más intensas favorecen el intercambio de agua, pero si superan la capacidad natatoria de los peces pueden elevar su gasto energético, provocar fatiga y deteriorar su bienestar.
Las jaulas sumergibles ofrecen entornos más estables y protección frente al oleaje y temperaturas elevadas, aunque requieren sistemas más complejos de alimentación, flotabilidad, inspección y extracción, así como soluciones para especies con vejiga natatoria. Por su parte, las jaulas de superficie facilitan el acceso y las operaciones habituales, pero exigen estructuras y fondeos capaces de soportar condiciones más exigentes.
Los investigadores de la Universidad de Stavanger concluyen que la viabilidad de un emplazamiento offshore no depende solo de la profundidad o la distancia a la costa, sino que el diseño debe integrar oleaje, corrientes, oxígeno, densidad, capacidad natatoria y operatividad a lo largo de todo el ciclo, desarrollando modelos que representen la respuesta conjunta de instalaciones y peces ante condiciones extremas.
Información elaborada a partir de Llevar la acuicultura mar adentro reduce algunos riesgos costeros, pero crea nuevos límites productivos, publicado originalmente por misPeces.




