El cultivo de microalgas se realiza principalmente mediante dos enfoques: sistemas abiertos, como canales raceways, tanques de fibra de vidrio o estanques artificiales, y fotobiorreactores (PBR) cerrados. La elección depende de la densidad deseada, el control de parámetros ambientales y los costes operativos.
En cualquier instalación, la penetración lumínica, la trayectoria de la luz y la relación superficie-volumen son determinantes para la productividad. Cuanto más profunda sea la penetración de la luz, mayor será el número de células que pueden crecer; sin embargo, al aumentar la densidad de algas la luz se absorbe y su alcance disminuye.
Los sistemas abiertos, expuestos al entorno exterior, presentan costes operativos más bajos pero ofrecen escaso control sobre temperatura, luz, pH y contaminantes. Suelen alcanzar densidades menores y requieren mayores superficies, además de ser susceptibles a contaminación por aire, agua, brisa marina, personal y fauna silvestre.
Los PBR cerrados, aunque demandan una inversión de capital más alta, permiten una iluminación interna que eleva la densidad de cultivo entre diez y veinte veces respecto a los sistemas abiertos. Este aumento de densidad optimiza el espacio, mejora la bioseguridad y facilita la producción continua con inóculos puros, reduciendo la mano de obra y los costes de desinfección.
En resumen, los sistemas abiertos son adecuados para producciones a bajo coste y gran escala cuando la tolerancia a impurezas es aceptable, mientras que los fotobiorreactores cerrados son la opción preferente para aplicaciones que requieren alta densidad, pureza y control estricto de las condiciones de cultivo.
Información elaborada a partir de Fotobiorreactores: ventajas y desventajas ¿Cuáles son los sistemas abiertos y cerrados para cultivar algas?, publicado originalmente por Panorama Acuícola.




